El grito de un hombre, hizo que Lucius liberara a la mujer, y salió corriendo, asustado, sin detenerse.
El hombre que giró era un vecino del pueblo que, al ver a la mujer en problemas, no dudó en ir a ayudarla.
—¿Qué fue lo que pasó? ¿Acaso ese desgraciado te lastimó?
Ella negó
—Estoy bien, gracias.
La mujer se apuró en volver a su pequeña casa de madera al lado del río, cuidando de que ese hombre no la siguiera.
—¿Qué pasa, María? Volviste muy rápido.
—Tenías razón, ¡Hay un hombre malvado que