Cap. 8 Un millón de problemas
Todavía no podía digerir que había perdido un millón de dólares.
—¡Ay! Dios, un millón de dólares —decía dolida.
Apolo meneó molesto la cabeza, entonces le aclaró.
—Eso no era nada.
—Para mí sí lo era, tú solo me pagarás cincuenta mil, ella me daría más.
—Date por satisfecha.
Ella lo miró molesta.
—Perdí novecientos cincuenta mil dólares. Voy a llorar.
—Ja.
—Con eso podría haber comprado la casa de mis sueños, o iniciado un negocio.
Entonces pensó: buscaré a la madre de Apolo, claro. Apolo, como