Sentía que el corazón se le caía a pedazos y aún no era capaz de aceptar la verdad.
—No, Lexy, por favor —suplicó y se acercó a ella con temor.
La joven lo miró con grandes ojos y le devolvió la misma mirada severa que él le había consagrado anteriormente. Le dolía el juego cruel en el que caían y odiaba ver que el hombre no era capaz, ni lo suficientemente valiente como para aceptar la verdad.
—Me confundes, Joseph y no quiero que lo sigas haciendo. Me follas y te quedas aquí, contándome de tu