Al ver esa mirada en Noa, Alvaro pensó que ella estaba enfadada con él y se puso nervioso.
—Bolita, no te enfades conmigo. Si no quieres que acepte los granos, iré a decírselo. Son solo unos cuantos granos de café, a mí no me interesan en absoluto.
—¿En serio? —Noa volvió en sí y arqueó una ceja—. Tu expresión no concuerda con lo que dices. Además, esos no son solo unos cuantos granos, él debe tener una gran variedad.
—Sí —asintió Alvaro—. Pero Bolita, no eres menos importante que cualquier cosa