—Nos estaba espiando.
¿Espiando? La azafata siguió la mirada de Alex.
Cuando el hombre escuchó sus palabras, se irguió como un resorte.
—¡Esto es difamación!
Noa, que estaba durmiendo, frunció ligeramente el ceño como si fuera a despertarse. Qué ruidoso. Sin embargo, comoestaba durmiendo profundamente, al final no abrió los ojos.
Alex observaba sus movimientos y se rio fríamente:
—Si es difamación o no, lo sabremos al revisar tu teléfono.
Todos conocían la identidad de Alex. Alguien tan