—Correcto, correcto.
Mario levantó la mano y miró el reloj.
—Creo que ya es la hora.
Simón, sin ninguna expresión en su rostro, dijo:
—Los llevaré allá.
Mario lo miró sorprendido.
—¿Qué está pasando? ¿Hoy cambiaste de opinión?
¿Había dicho que los llevaba a la prueba de maquillaje? ¿ Simón hacía algo así normalmente?
Al escuchar eso, la expresión de Simón se volvió sombría y dijo fríamente:
—Entonces parece que no es necesario.
—Claro que es necesario ¿Cómo no va a ser necesario? —Mario s