Noa salió de la cocina con los tazones, y vio que regresaban Álvaro y los demás. Les preguntó casualmente:
––¿Ya terminaron los trabajos? Lávense las manos y vengan a comer. Tendremos otras tareas por la tarde después del almuerzo.
––Noa, ¿cocinaste todos estos platos? ––preguntó Rozana, mirando sorprendida la mesa llena de comida. Le parecía increíble. Si fuera ella, le costaría mucho cocinar tantos platos sola.
––Sí.
––¡Madre mía! No puedo creerlo, ¡eres increíble! ––exclamó Rozana, admiránd