Mirando las puntas finas de sus dedos, el blanco y el rojo de los extremos le crearon un fuerte impacto visual. Sintió una emoción desconocida.
Quería besarla.
Pero no podía.
Acababa de insistir en divorciarse, como si nunca volviera a tratar con él. Sin embargo, como estaba borracha, le impidió que la besara.
En tal situación de inconsciencia, Alex no podía evitar su pesar estar ligeramente seducido.
—Acá no, cámbialo.
Noa negó:
—No cambiaré.
Mirando sus mejillas blancas y limpias, las acaric