Sólo bastó el ¡Detente, por favor! para que su mano se detuviera, el puño de su mano se cerró al igual que sus ojos, así se mantuvo por un instante, pero luego abrió de nuevo sus ojos y con el dorso de su mano me acarició el rostro.
Me besó la frente y casi como una súplica me dijo, vístete, anda a mi habitación y quítate ese traje de baño mojado.
Así lo hice me cambio rápidamente y bajo hasta donde él estaba, lo encuentro sentado en el sillón con una copa en su mano.
—Es