Después de la cena me aíslo un poco, me retiro a un rincón donde está un amplio sillón y allí me siento con un vaso de whisky en mi mano, no han transcurrido ni cinco minutos cuando veo la despampanante figura de la hija del empresario frente a mí.
—Buenas noches Marlon, ¿te puedo hacer compañía?
¿Cómo supo está mujer mi nombre?
—Por supuesto, acompañeme.
Lo que menos quería era compañía, pero esta es su casa, no me puedo negar.
—¿Qué estás tomando?
—whisky.