Cuando entro a la casa la señora Isabella me está esperando, sentada en un sillón frente a la puerta principal.
—Hija, gracias a Dios que llegaste, me tenías preocupada, ¿por qué llegas tan tarde?
Ella hablaba, pero no se había dado cuenta en las condiciones que llegaba.
—Ya el niño se durmió, le di un baño, su alimento y se quedó dormido.
Cuando paso al lado de ella, se da cuenta de la venda en mi hombro.
—Isabella hija ¿qué te pasó?
La miro y me lanzo en su