Sin lugar a dudas es el odioso turco el que está entrando por esa puerta, tengo que hacer algo de inmediato, no me puede ver.
Sin pensarlo mucho me vuelvo a sentar en la mesa, gracias a Dios que la silla está de espalda a la entrada del salón, me siento bajo la mirada de sorpresa de Richard, lo veo y le digo con voz asustada.
—Ayúdame.
El mira a su alrededor, y luego me toma las manos que están temblando, creo que todo mi cuerpo tiembla.
—Dime en qué te puedo ayudar.