Diente de león: Séptima parte.
El cielo de la tarde estaba teñido de un gris plomizo, y la luz tenue que se filtraba entre las hojas de los árboles apenas iluminaba el pequeño claro donde Lucía y Ferus habían decidido detenerse a descansar. Lucía había caído en un profundo letargo, su cuerpo débil y su rostro empapado en sudor. La fiebre la había alcanzado días atrás, pero hasta ese momento no parecía haber sido tan grave. Ferus, con sus ojos grandes y llenos de preocupación, se mantenía a su lado, observando cómo su madre r