La atmósfera se volvió sombría en un instante cuando todos se enteraron de la fatal tragedia. Mis padres estaban consternados, y los padres de Nelson no podían ocultar su angustia. Abril, a mi lado, intentaba tranquilizarme, mientras Luis José, también presente, evaluaba el estado crítico de Nelson. Con voz firme, dijo: — Aún respira, pero no podemos moverlo. Debemos esperar a que llegue la ambulancia; su situación es grave.
Yo me encontraba tirada en el suelo junto a Nelson con mi vestido man