El sentir de nuevo los labios de Luis José, me hizo estremecer una vez más, sabía que estaba mal, pero no entendía por qué él tenía ese efecto en mí. En ese momento, la cordura se desvaneció. Solo quería que ese instante fuera eterno.
Nunca había sentido algo igual, y estaba segura de que él también lo experimentaba. Sin embargo, lo aparté de mí mientras sollozaba:
— ¡No, Luis José! Esto no está bien. ¿No te das cuenta de que mi hermana Abril está en la otra habitación a tan solo unos pasos de