Días después…
El dolor de la pérdida de mi padre seguía siendo insoportable. La ausencia de su risa, sus abrazos y sus consejos me dejaba un vacío imposible de llenar. Mi madre, aún más afectada, se preguntaba constantemente por qué Dios había decidido llevárselo tan pronto, cuando aún le quedaba tanto por vivir. Juntos, habían compartido toda una vida, y ahora me enfrentaba a la incertidumbre de cómo seguir adelante sin él.
Pero había algo más que me atormentaba: la verdad. Saber que su muerte