Mi madre me miraba con angustia, y en su mirada presentía lo que estaba a punto de decirle Luis José, entre sollozos le suplicó:
— ¿Qué pasa, Luis José? ¡Habla! Me tienes el alma en un vilo.
Luis José, con voz grave, pronunció las palabras que cambiarían nuestras vidas por completo:
— Lamento decirles que el señor Pedro… acaba de fallecer.
El mundo se detuvo. Mi madre se desplomó al suelo, mientras derramaba sus lágrimas amargas mezclándolas con su dolor. No podía asimilar que el hombre con e