Abril permanecía inmóvil, con su mirada clavada en Nelson, ansiosa por descubrir el nombre de la mujer que se había interpuesto en su matrimonio. No estaba dispuesta a perder a Luis José; prefería la muerte antes que renunciar al único hombre al que amaba con locura.
— ¿Me estás diciendo que conoces a la mujer con la que supuestamente mi marido me está engañando? ¿Cómo es eso posible? —preguntó, con voz tensa.
— Exacto. Sé quién es —respondió Nelson—. Y estoy seguro de que cuando lo sepas, te v