Capítulo 80.
SOPHIE
Las lágrimas caen a más no poder de mi rostro. Se siente como si hubieran abierto el grifo y roto algún caño porque es imposible detenerme.
Por más que quiera, cada que lo intento recuerdo donde está mi bebé y no puedo parar. Mi mente no se detiene, mi corazón no deja de sufrir e incluso tengo que cubrir mi boca con una mano para no soltar el llanto lastimero que de seguro ya ha cansado a todos en el pasillo y hasta mi propio esposo quien no ha mencionado ni una sola palabra desde hace