Diego frunció el ceño.
—Madre, los mensajes que enviaste fueron ayer por la madrugada. Sabes que hay una diferencia de horario entre Milaglandia y nuestro país. Por supuesto que no pude responder en ese momento.
Alejandra sonrió irónicamente.
—Diego, te he conocido desde que eras pequeño. ¿Realmente crees que no puedo ver a través de tus trucos? No intentes mentirme. Aunque haya una diferencia horaria, podrías haber respondido mi mensaje ahora.
Con tacones de cinco centímetros, Alejandra avanz