Laura se encontraba en medio de una inquietante oscuridad. Sabía que estaba dormida, su mente estaba muy lúcida, pero no podía abrir los ojos, como si su cuerpo estuviera fuera de su control, sentada en el avión.
De repente, una sensación de miedo se apoderó de ella.
—¡Despierta! No quiero estar atrapada en esta oscuridad abrumadora. Esto es aterrador, no hay nada aquí, solo yo—, gritó Laura en su mente. Esta desesperación se manifestó físicamente en dos lágrimas que brotaron de sus ojos. Querí