Laura se sintió abatida por las palabras de Diego.
—¿Entonces qué hago?— le preguntó afligida.
Diego se sintió culpable al ver a Laura así, después de todo había sido él quien arruinó el pañuelo al lavarlo.
Pero ella tampoco debería haber aceptado un pañuelo de otro hombre.
Con este pensamiento, Diego se reafirmó.
—Hagamos esto, entrégame el pañuelo. Yo iré a ver a ese caballero y se lo devolveré. Con una disculpa sincera, estoy seguro que no le importará.
Diego mostraba su sonrisa habitual.
Lau