Capítulo XXIX: No desearás a la mujer de tu prójimo.
—¿Estabas soñando con Hugh? —exclamó y Sebastián no pudo ocultar su molestia en su rostro, temía que Violeta siguiera amando a ese hombre
Ella se enderezó, y tomó su mano
—Fue una pesadilla.
Él la miró con duda
—¿Qué soñaste, amor?
—Soñé sobre el día en que mataron a mi padre.
—Cuéntame —dijo con intriga, observando su rostro triste, aún sostuvo su mano
—Es que, cuando a mi padre lo secuestraron, fui yo quien tuvo que reunir el dinero, mi padre había ahorrado toda su vida, tres millones d