Violeta regresó con Sebastián y él estaba en una llamada, Seraphyna parecía más tranquila, Violeta acarició sus cabellos dorados, y observó su gesto débil
—Yo nunca quise que esto pasara, Violeta.
—Claro que no, Seraphyna, Dios lo sabe también, pero debes saberlo, a veces, las personas tienen un destino forjado, y es inevitable cambiarlo, por desgracia, cuando la muerte llega, ya está escrita, es irremediable.
—¿Si alguna cosa hubiese sido diferente…?
Violeta tomó la mano de Seraphyna entre