Hugh estaba desesperado, de pronto se abalanzó a sus pies, arrodillado, suplicando
—¡Padre, por favor! No me eches de aquí, ¿Olvidas que yo soy tu hijo? ¿Lo harás por está mujer? Prometiste que serías mi padre para siempre, prometiste que nunca dejarías de amarme, ni por la muerte de mamá, ¿Lo olvidaste?
Sebastián lo miró con desprecio, él lo quería, aún seguía haciéndolo, aún podía ver detrás de esos ojos verdes a aquel muchachito que creyó frágil y traumatizado por su verdadero padre, al que