Amber caminaba de un lado al otro de la habitación con nerviosismo. Era la llamada número doce que le hacía a Bruce y él no contestaba. No estaba acostumbrada a ser ignorada, menos, en la situación que se encontraban, por ello, insistió. Pero al ver que pasaban los segundos y era enviada al buzón de voz, solo pudo pensar en una explicación, Bruce ya no vivía.
Gotas de sudor comenzaron a rodar por su cuerpo y el corazón se le aceleró enloquecido, al imaginar que vendrían por ella.
El instinto