CAPÍTULO 126 — Lo que una hija aprende demasiado tarde
Guillermo Medina comprendió que aquella sesión iba a ser distinta incluso antes de que Lourdes empezara a hablar.
Había una tensión nueva en su postura, algo más frágil que la rabia, más peligrosa que el orgullo. La mujer que había entrado dispuesta a sostener su versión del mundo ahora parecía estar sosteniéndose a sí misma para no desarmarse.
Martín también lo notó.
La miraba con esa atención que uno tiene frente a un precipicio, sabiendo