La alarma sonó al lado de su cama y Adhara se apresuró en apagarla para no despertar a su esposo.
Oliver dormía.
Lo contempló por un segundo, antes de correr las sabanas y ponerse en pie con rumbo a la cocina.
Ese día tenía la intención de hacer un desayuno especial. Era el cumpleaños de su esposo.
Salió al pasillo y miró la habitación que se encontraba a dos puertas de la suya, abrió con cuidado y observó al pequeño Tomás dormido.
—Tomi, es hora —le anunció, sacudiéndolo con delicadeza. Necesit