Adhara dio inmediatamente un paso atrás para alejarse de ese toque blasfemo.
—No me pongas tus sucias manos encima —lo miró con rabia.
—Veo que sigues molesta.
—Por supuesto que lo estoy.
«¿Qué diablos le pasaba a este tipo?», se preguntó, mirándolo como si fuera un extraterrestre. Primero la agredía y luego creía que las cosas se resolverían tan fácilmente, sin duda estaba mal de la cabeza.
—Ya te he dicho que lo siento —repitió como si aquello resolviera cualquier problema.
—Deja tus disculpa