Capítulo: Un beso amargo.
Cuando Catalina abrió los ojos, mirò al techo blanco, por un instante no supo en donde estaba.
Se quedó muy quieta, pero, apenas unos segundos después, volvió a la realidad, y lo recordó todo.
Enderezó su postura, al mirar a ese hombre frente a ella, lanzó un grito, asustada.
Luca estaba sentado en un sofá, frente a ella, con los codos recargados sobre sus piernas, las manos apoyadas en su mentón, mirándola con ojos imperturbables.
—¿Dónde estoy…?
Luca sonriò.
—Estamos en una cabaña, ¿en dónde?