—¡¿Qué has dicho?! Padre, ¡no puedes hacerme esto! —exclamó Enrique.
Jerónimo le mirò con ojos feroces.
—¡Claro que puedo hacerlo!
—¡Mariza me hizo daño! ¿De veras la preferirás sobre mì? —exclamó Mónica.
Amaranta y Diego escucharon el escándalo. Amaranta estaba muy feliz.
—¡Ya lo escucharon! Retiren la denuncia, solo así podrán volver a ser considerados en mi herencia; de lo contrario, será el fin.
—¡Jerónimo! ¿Cómo puedes ser tan cruel? —exclamó Silvia, casi chillando de rabia.
El hombre sonr