—¿Segura de que no quieres ir a casa, amor?
—No, debemos ir con Helena, es su cumpleaños, dudo que Luca vaya, nosotros debemos ir y animar a Helena, no voy a deprimirme porque mi madre, quiero decir, Darina, no me quiera, ya lloré suficiente, Arturo, estoy cansada de mendigar amor —dijo con los ojos cubiertos de lágrimas y un gesto severo.
Arturo tomó su mano, la besó.
—Es mi culpa también, y te aseguro que, si me perdonas, nunca, nunca volveré a desperdiciar tu amor, te daré todo mi amor y màs.