Mariza se quedó perplejo, èl deliraba y la llamaba a ella, no a Mónica, eso hizo que su corazón retumbara con fuerza.
«¿Qué dices? ¿Qué es lo que haces, Jorge? Estás a punto de acabar con mi cordura, el amor no duele, y tú me dueles, odio que te amo, Jorge», pensó
Al día siguiente
Jorge abrió los ojos y vio a Mariza descansando en el sofá.
Al principio frunció el ceño, una suave sonrisa apareció en sus labios.
«Me cuidó, se quedó a mi lado sin importar su enojo, se preocupó por mí, ¿quién eres,