Madeline se quebró al instante, como una marioneta sin hilos, perdiendo la consciencia.
Su mundo se volvió sombrío de repente, y el intenso dolor, como si le estuvieran despellejando su piel, se tragó toda su consciencia.
“¡No!”.
Ella desesperadamente corrió hacia las cenizas que fueron lentamente arrastradas por la nieve y la lluvia.
Madeline lloró con tristeza, sus manos temblaban desesperadamente, y las frotaba contra el suelo irregular mientras intentaba recoger los restos de las cenizas