Madeline ya había salido de ahí, cuando escuchó a Meredith gritar las palabras. Una chispa de esperanza parpadeó en sus ojos.
Su corazón también se aceleró, mucho más de lo que su cuerpo podía soportar.
Sin dejar de sospechar, se giró despacio y levantó su fría mirada. "Sabes que eso no te hará inocente".
Con los ojos enrojecidos del enojo, Meredith dijo. "¡No estoy mintiendo! Tu hijo sigue vivo. Sólo te dije que estaba muerto, para que te sintieras mal. Escondí a tu hijo, para utilizarlo