Madeline pudo ver la sonrisa rota de Meredith debajo de sus gafas de sol.
Se acercó sin dejar de mantener la calma y la compostura. Podía sentir los ojos de todos en la habitación pegados a ella.
En ese entonces, ella no sabía cómo maquillarse o arreglarse. Ni siquiera sabía caminar después de ponerse tacones altos.
En ese momento, ella era un patito feo que incluso un mendigo miraría con desprecio.
Sin embargo, ahora todo era diferente.
Cada quién tuvo su día. Diez años después, Madeline C