"¿Dónde estoy?". Madeline separó sus labios y le preguntó al hombre que estaba de espaldas a ella.
El hombre redujo la marcha y giró ligeramente su rostro. Su resuelta y perfecta mandíbula parecía aún más excepcional bajo la luz.
"No es importante dónde estés. Si todavía quieres volver a casa, deja de llorar". Su voz también era tan fría como su aura.
Madeline sujetó el pañuelo con fuerza. "¿Fuiste tú quien me salvó?".
"Solo pasaba por el lugar". Su respuesta fue directa.
Madeline se acordó