Madeline abrió los ojos. Le resultaba imposible aceptar que la mujer del espejo fuese ella.
Su rostro estaba envuelto en una pesada capa de gasa. No podía ver ni un centímetro de su piel, aparte de los ojos.
Su cara...
Madeline sintió como si le hubieran inyectado plomo en las piernas. Las sentía tan pesadas que no podía moverse ni un centímetro.
Ella levantó la mano y se tocó lentamente la mejilla. No podía creer que su rostro se hubiera arruinado hasta quedar irreconocible.
"Señorita, ¿es