MADDISON
En cuanto las palabras brotan de mi garganta, el rostro de Levi se distorsiona, pareciera que le he dicho el día de su muerte, no comprendo por qué, pero por si acaso, tomo mi distancia y retrocedo un par de pasos. El ambiente se torna hostil y pesado, él permanece quieto, con ese gesto en blanco que lo caracteriza.
—¿Has perdido el buen juicio? —me pregunta con tranquilidad.
Su manzana de Adán sube y baja.
—No —me mantengo firme—. Es solo que…
—Pensé que habías dicho que no eras u