El Rey Bertrand miró a sus caballeros que se habían ocultado entre los árboles.
Con un gesto de su mano, Bertrand les indicó que aguardaran. Si algo iba a suceder, lo haría bajo sus términos.
Respiró profundamente y avanzó hacia la cabaña. La madera crujió bajo su peso al subir los escalones. Antes de abrir la puerta, se detuvo y posó su mano en la empuñadura de su espada.
Seguidamente… Ingresó.
Dentro estaba Hansel Ruwer, con una sonrisa maliciosa curvando sus labios.
Ese exConde lleva