Capítulo 56: Cuidaré tu espalda.
Esa misma tarde, en el majestuoso salón donde se tomaban las decisiones más importantes, el Rey Bertrand había terminado su última reunión. Sus ojos verdes se posaron en el mensajero que acababa de ingresar.
—¡Su majestad, glorioso Rey de Bushlak! —exclamó el mensajero, haciendo una profunda reverencia.
Bertrand, con un gesto sutil de su mano enguantada, le indicó que continuara.
—Desde la base de seguridad en el Sur ha llegado un pergamino con sello rojo.
La sorpresa recorrió el cuerp