—¿Irás con esa mujer? ¿Aunque sabes que no es capaz de quitarse la vida? —le preguntó la Reina a Bertrand con dureza—. Sabes que solo quiere llamar tu atención y te está engañando.
Él volvió a mirarla, su mirada bajando hasta el agarre de la mano de ella en su brazo, soltándose.
—"Querida", ¿acaso quieres arruinar mi reputación? Aún si lady Ruwer no es capaz de suicidarse, tengo que ir. Es mi obligación como gobernante. No me engaña, es una estúpida con la que debo hablar.
Bertrand comenzó