Capítulo XXXI. La sentencia
- Está bien mi señora, se lo diré ... - da un suspiro lleno de pesadez - Pero antes Necesito que me prometa que me brindara todo su apoyo y toda su protección - me dice casi en forma de súplica.
- Así será Ángel, te lo aseguro - le digo con firmeza.
- Como le contaba, yo fui una de las primeras Víctimas de este matrimonio, los secuaces del Señor Gerard me raptaron para venderme como esclavo a las familias adineradas de Inglaterra Pero la señora Martha decidió que yo era más útil quedándome aquí,