Veo su toalla, velando porque esta se cayera ya que tenía mucho apetito.
El hombre tenía las manos a la cadera y me examinaba o eso sentía.
—¿Tienes pensado quedarte ahí abajo?
Oh papi rico, no me moveré hasta que liberen a la bestia.
—Tal vez solo necesito ayuda —respondí.
Él suspiró y me ofreció sus dos manos, pero solo logré ponerme de rodillas ya que a él que se le cayó la toalla, supongo que la sostenía con sus manos, por lo que rápidamente se tapó su amigo.
—De verdad lo siento. —lo