No fue por la alarma. Ni por el ruido de los niños. Fue su propio cuerpo el que la despertó con señales de emergencia que no podían ignorarse.
Calor. Todo su cuerpo ardía como una estufa encendida. Su piel parecía quemarse. La cabeza le palpitaba con fuerza. Y cuando intentó incorporarse, toda la habitación giró a una velocidad que le revolvió el estómago.
Fiebre.
Windy se puso el dorso de la mano en la frente y sintió un calor anormal. No era una fiebre ligera. Era la fiebre que aparece cuando