Detrás de Davin, la puerta del coche se abrió con un golpe seco. Toni salió corriendo a una velocidad que Windy nunca antes había visto en un hombre tan grande. En cuestión de segundos, Toni ya estaba junto a ellos, con sus manos grandes y fuertes agarrando el brazo de Davin.
—Señor Davin. —La voz de Toni era firme pero no estaba en pánico. No era la primera vez que tenía que controlar a su jefe cuando la furia se apoderaba de él—. Suéltela. Podría matarla, señor.
Davin no se movió. Sus ojos se