En una lujosa villa junto al mar, Dilan detuvo el auto. El sonido de las olas se oía a lo lejos, y el aire nocturno con olor a sal los recibió.
—Ya llegamos, Windy —dijo Dilan, abriendo la puerta del lado de ella.
Windy bajó tambaleándose, todavía bajo los efectos del alcohol. Casi se cae, y Dilan tuvo que sujetarla rápido.
—Cuidado —dijo, sosteniéndola.
Dilan la guio al interior y subieron al segundo piso. Windy seguía inestable, así que Dilan la sostuvo todo el camino.
Arriba, Dilan se detuvo