Pero Windy no se giró. Ella salió del despacho, con la cabeza erguida, y cerró la puerta, tras ella.
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En cuanto Windy salió del edificio de la oficina, ella se sintió ligeramente mareada, por la adrenalina, que aún le fluía por el cuerpo. Ella no solía hablar tan afiladamente, a nadie, incluida Femina. Pero, por alguna razón, aquel día, ella se sintió muy valiente.
Ella decidió caminar un rato, para calmarse, antes de pedir un taxi de aplicación. La acera frente a la oficina llevaba hacia la