Los ojos de Davin, normalmente fríos y controlados, ardían ahora con un fuego capaz de quemar todo lo que tocaran. Su mandíbula se tensó hasta que las venas del cuello se le marcaron. Y el aura que emanaba de su cuerpo llenó toda la habitación con una presión tan densa que el aire parecía difícil de respirar.
Detrás de Davin, Toni permanecía de pie con una expresión igual de tensa.
Davin no debería estar en aquel edificio. Era una de las decenas de propiedades del Grupo Tanjaya, una firma de di