Davin, al oír aquella extraña petición de Windy, decidió seguirla de inmediato. Se giró hacia dos de sus guardaespaldas, que ya estaban preparados, cerca de la puerta de la fábrica.
—Vosotros dos, id rápido afuera. Buscad un restaurante o un puesto de comida cercano. Comprad lo que sea. Pollo, arroz, sopa, fruta, bebidas. Cualquier cosa que podáis traer. ¡Rápido!
—¡Entendido, señor! —respondieron los dos guardaespaldas al unísono, y luego salieron corriendo del recinto de la fábrica.
Davin llev